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Pablo Pérez Sanmartín

El derecho del pastiche adolescente

Texto: Pepo Moreno

El imaginario de Pablo Pérez Sanmartín (Pontevedra, 1980) sabotea una realidad que él mismo construye. Un desfile de letras de neón, luces de discoteca y juventud. Un discurso que habla de arte contemporáneo y de su forma de entenderlo.

Nacido en Galicia e instalado en Madrid, forma parte de una nueva generación de artistas que irrumpen con fuerza, que saben aprovechar con más –y mejor– ímpetu la oportunidad que les brindan las redes sociales y el trabajo a través de la red.

Me gustaría que te presentaras a nuestros lectores. ¿Quién es Pablo Pérez Sanmartín? Yo me suelo definir como gallego y géminis, así que ese puede ser un buen comienzo. Vivo en Madrid y trabajo en unas coordenadas que me convierten en artista plástico. Parto del dibujo como base, pero lo paso por el filtro multisoporte y lo llevo a la instalación, la edición en serie, el diseño de producto, etc. Trabajo con las subculturas juveniles y con el mundo de las estéticas de consumo lo cual me ha hecho colaborar también con fotógrafos, músicos y diseñadores de moda. Cuando trabajo desde lo digital mi obra tiene que ver más con la estética pop clásica: colores planos, estética de dibujos animados, predilección por las mascotas publicitarias… Cuando se trata de acabados manuales todo se vuelve mas austero y recuerda a aguarfuertes antiguos, viejos fanzines, pósters, fotocopias en blanco y negro, y todo lo que sea del tipo “panfletos autoeditados guardados en un desván”, pero en realidad el universo de referentes es un poco el mismo y tiene que ver sobre todo con el mundo del vánitas.

¿Con qué nombre prefieres que te presenten? ¿Por qué adoptaste tu nombre completo? Cuando empecé a mover mi trabajo, mucha gente insistía en que adoptara el Sanmartín como primer apellido e incluso se refería a mi como Pablo Sanmartín. A mí lo que me parecía un poco rancio era el concepto de “nombre artístico”, así que viendo que me cambiaban el nombre sin poder hacer nada por evitarlo cargué tintas en el “Pérez” y ese es el resultado… Aunque me gusta que me presenten como Pablo, a secas, una vez un amigo me dijo (después de presentarme a una batería de gente) que hacía muy bien en usar los dos apellidos porque obligaba a la gente a escuchar unas décimas de segundo más de lo que están acostumbrados. Así que me quedo con ese razonamiento. En realidad nunca he dedicado mucho tiempo a pensar en esto, pero sí que noto que a la gente le resulta curioso…

Ahora va una típica, ¿quién, qué o por qué te inspiras? Me inspiran sobre todo las personas de mi entorno más inmediato, o pequeños (o no tan pequeños) gestos o detalles que representan de manera simbólica lo frágil de la realidad que habitamos: un trozo de rótulo de una valla publicitaria del metro despegado y medio derrumbado sobre un banco del metro formando un pliegue perfecto (el pliegue de Deleuce hecho obra pop), una limusina blanca ardiendo abandonada en el centro de la Gran Vía, un slogan de un teléfono móvil puesto sobre una marquesina que a determinada hora, iluminado de diferente manera, puede querer decir otra cosa… También me inspira la gente que es artista sin saberlo, más allá del llamado cuttingedge: amas de casa de que de repente sienten la necesidad compulsiva de hacer un crucifijo con las cabezas de las barbies de sus hijas teñidas de spray dorado y lo comparten por internet, o gente a la que le ocurre lo mismo con el traje de Superman y se monta un flickr poblado de imágenes oníricas e inquietantes con ellos mismos vestidos de superhéroe, logrando las manifestaciones más sinceras y desprejuiciadas de arte que he visto. También me interesa la subcultura del videoclip y todo lo que tiene de trituradora pop de recursos artísticos. Me interesa básicamente todo lo que saque los colores al arte como categoría estética.

Por referentes como por puesta en escena, tu trabajo me recuerda al de Carles Congost. ¿Qué otros artistas te gustan? No me lo habían dicho, ¡pero gracias! La obra de Carles me parece impecable y sí que tuvo mucho impacto en mí cuando era un estudiante. No obstante yo empecé trabajando más con la idea de producto, y yo creo que a él le interesan más inicialmente los procesos narrativos extraídos del universo pulp de la industria del entretenimiento. Los referentes puede que nos bailen un poco si los comparamos, pero sí que me reconozco en su manera de acercarse a ellos y trasladarlos al mundo del arte… De España me quedo también con Bubi Canal, con Joan Morey y con Manu Arregi… Internacionales puedo resumirlo en Takashi Murakami y su visión apocalíptica de la cultura pop.

¿Te gusta la época en que vives? ¿Te consideras un nostálgico? Soy bastante producto de mi época, y orgulloso de serlo… O más bien soy un hijo del final del siglo XX. Muchas veces utilizo recursos estéticos de épocas concretas, pero más que por nostalgia porque trabajo mucho con lo efímero y con la idea de ruina contemporánea. Hay algo que me atrae en la manera en que un icono o una determinada pauta de conducta característica de una generación deja de tener sentido completamente para la siguiente y muere por agotamiento. La ruina resultante de esa muerte por entropía me parece una escultura en sí misma… Somos una sociedad que ha abusado de la nostalgia y que ha intentado utilizarla para alimentar la maquinaria oxidada de la sociedad de consumo, y la nostalgia la carga el diablo, así que no me considero nostálgico.

¿Cómo eras de adolescente? ¿Qué te gustaba dibujar? ¿Cabe la posibilidad de que todavía te consideres un adolescente? Mi momento más fuerte con el dibujo fue en la infancia. Dibujaba auténticos desfiles de los personajes de la tele que todo niño de los 80 debería tener en su haber (Chollo –la mascota del 1,2,3–, los lagartos de V… Toda la fauna). Tengo cientos de ellos porque sólo dibujaba eso de manera compulsiva: cosas de la tele puestas en fila (sazonada con algún escaparate de premios de los de El Precio Justo). Usaba las situaciones de la tele un poco como modelo para aplicar a la vida diaria y el dibujo como herramienta para domesticar todo aquello y reducirlo de alguna manera a mapas de conceptos: jugaba y aprendía a través del dibujo. Mis padres me matricularon en clases de pintura pero no conseguí llegar nunca a pintar: me ponían delante de Los girasoles de Van Gogh y yo me marcaba un Batmovil con ceras Manley (fue la época que me dio por los Superheroes Marvel). De adolescente me cambió el carácter y me volví de repente muy taciturno y bastante agorafóbico. Dejé el dibujo un poco de lado y me dediqué más a devorar cómics y películas, aunque sí recuerdo dibujar muchos erizos Sonic y mucho Sailor Moon. Volví a recibir clases de pintura y ahí sí que me lo tomé más en serio. Una madrugada descubrí la figura de Warhol viendo I shot Andy Warhol, y entonces encontré un referente que aglutinaba de repente varios picores que tenía con diferentes estéticas (me molaba la cultura Beatnik, la por entonces incipiente cultura de club, el mundo nerd de los cómics…) y lo incorporé a la ensalada que tenía encima. El derecho al pastiche, y al equivocarse en términos estéticos es algo genuinamente adolescente. Con todo este auge de los blogs de estilo y la gente que cree vivir las 24 horas en un editorial de moda me preocupaba que a los adolescentes de hoy en día se les arrebatase ese derecho al error a golpe de estéticas prefabricadas, pero algún blog he visto por ahí que me hace mantener la esperanza. En lo que a mí respecta no me considero muy adolescente. La adolescencia fue para mí un proceso muy de transición, y la persona que siempre he sido está en el niño que dibuja filas infinitas de sus personajes de la tele favoritos flotando en medio del folio en blanco.

¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Tienes alguna exposición planeada? He tenido unos meses bastante agotadores, así que ahora mismo estoy volcado en desarrollar un par de líneas de trabajo que han surgido en medio de todo el rifirrafe. Todavía tiene que ver la luz alguna colaboración que he hecho este año y para el siguiente tengo prevista alguna que otra exposición individual, pero aún es pronto para hablar de ello. También ha sido un año en el que he llevado a cabo varias colaboraciones con las que estoy muy contento así que seguiré abierto a cualquier propuesta de ese tipo.

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